¡LA BUROCRÁCIA SE COME A LOS POETAS POR TAJADAS! ·



Lara
Un buen día lo tiene cualquiera
Cuento. Autor: Wilfredo Aguilar. Barquisimeto


“Hoy todo me parece más bonito/hoy canta más alegre el ruiseñor…”, fueron las últimas notas musicales que escuchó al salir de la casa para ir al trabajo, es más, la tarareaba constantemente y con alegría rumbo a la parada a esperar el ruta.

Luego de un fuerte y claro “buenos días”, con respuestas de susurro entrecortado por parte de las personas que allí se encontraban, ve pasar la primera camioneta, que aún, teniendo puestos disponibles no se detiene en su veloz andar. El segundo y tercer vehículo repiten la misma formula, ignorando el llamado de los pasajeros.

La respuesta a la pregunta ¿Por qué no se detienen?, es obvia, ¡hay estudiantes en la parada!.

Pero a pesar de haber perdido 25 minutos en la espera del transporte,”…toy contento yo no se que es lo que siento”, continúa tallando la cabeza de aquel hombre.

Al fin un ruta se detiene y teniendo menos capacidad que sus tres antecesores absorbe la carga completa de personas que esperan llegar a su destino. El primer zarpazo lo da el chofer, “No tengo los 30 bolívares vuelto”, fue la frese que repitió a todos los que cancelaron su pasaje. Multiplique usted 30 por todos los pasajeros, tal vez no es mucho, pero el abuso si lo es. A los estudiantes los escrutó de arriba  abajo para verificar si el ticket era efectivamente de su propiedad.

“Permíteme tu carnet”, le dijo a una mujer, y luego de confirmar la cédula exclamó: “tas muy mayorcita para estar estudiando”, y allí se presentó la discusión, que comenzó por la falta de respeto y terminó en: “¿Cuándo te gradúes de médico me vas a cobrar media consulta?”

Pero aún así, “…como el colibrí que besa la flor por la mañana/como paraulata que deja su canto en la sabana”, persiste en marcar un buen recorrido por las agrietadas calles barquisimetanas, hasta que el chofer enciende la radio y lo primero que se escucha es un acordeón y un iniciado,”…on sentimieeeeeeeto”, a todo volumen, esto, unido a la veloz carrera que pega el chofer para detenerse cincuenta metros más allá y recoger otro pasajero.

El, “toy contento yo no se que es lo que siento/voy cantando como el río como el viento”, se resiste a desaparecer ante la andanada de melancólicas notas vallenatas que las cornetas chillonas ofrecen al público, que hacinado en el transporte debe gritar para que el chofer sepa que alguien se quedaba tres paradas más atrás.

Entre cornetazos, saltos y frenazos transcurre el trayecto casa-trabajo, aderezado con los sutiles insultos del chofer cuando alguna persona avanzada en edad le nuestra el carnet de la alcaldía, el cual lo exonera del pago del pasaje, “yo no como con eso señora”, y antes que el anciano se siente ya el ruta está en la otra esquina con el clásico, “muévanse ahí en el medio, que todavía hay espacio para atrás”. No cabe un alma más en el pasillo, mientras que los que van sentados intentan amoldar sus rodillas al estrecho espacio que separa los asientos, al tiempo que se escucha:”para la niiiiiiña boniiiiita de la familia Restrepo”.

“Hoy siento la canción del arroyito/y siento como brilla más el sol”, decide brillar verdaderamente más que el sol, hasta que Radio Minuto informa: “El sindicato Automotor del estado Lara anda buscando lo suyo, ya el presidente de este organismo Erick Zuleta anunció un nuevo aumento de pasaje”.

¡Milagro!, el chofer sonríe por primera vez en el día, al tiempo que una voz sin rostro protesta la medida que evidentemente le perjudica.

El chofer frunce el ceño y busca por el retrovisor el rostro de esa voz, que puede ser la de miles de usuarios que diariamente sufren el vía crucis del transporte público.

“El zar del transporte barquisimetano insiste en que éste es el pasaje más barato de todo el territorio nacional”, refiere el locutor y comenta: “Pero con esas chatarras de carros destartalados no vale la pena pagas más”.

“Eso si es verdad”, protesta un señor, aquí ni las piernas le caben a uno”. Un murmullo se apodera del ambiente, al tiempo que más personas siguen entrando y saliendo del vehículo y el chofer repite las mismas frases a los estudiantes, a los viejitos y a todo los que no le entrega los 30 bolívares de vuelto.

“Ya iniciamos las conversaciones con el alcalde, y a partir del mañana se comenzará a cobrar el nuevo aumento, declaró Zuleta a las puertas del sindicato” lee el locutor. “Póngale atención a la bicoca del aumento y saque su cuenta, son 500 bolívares, por lo menos no hay la excusa del vuelto”.

“Y todavía esta barato”, comenta el chofer, “para como están los repuestos”.

“Yo ya pague  ese aumento dejando el vuelto en todos los rutas que me monto”, dijo un muchacho, “y seguro que van aumentar el pasaje estudiantil, hay que protestar”, exclamó un diminuto estudiante.

“En la parada…parada…por acá señor”, se escucha entre el bululú, y tres cuadras más allá pregunta el chofer ¿se queda?.

Luego de la odisea de intentar salir del carro sin molestar a nadie, aquel hombre pisa nuevamente la calle, y con cara de alegría recuerda el final de la canción del maestro Billo.

“Me pongo a saltar, no puedo explicar que es lo que siento/que reviento con las ganas de cantar”.




 




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Fecha de última actualización: 21/10/2009


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