¡LA BUROCRÁCIA SE COME A LOS POETAS POR TAJADAS! ·



Distrito Capital
La Soledad de Orfeo
Poesía. Autor: Ludovico Silva. Este poema fue concebido para ser cantado o recitado con acompañamiento de liras pianos o violines.


I

VENUS A ORFEO

Catástrofes de piedra, albas de hielo,

yacimientos de muerte y esperanza

como espumas se elevan a tu cielo;

y en lo más alto del amor aún danza

sobre la mar, en una tumba de oro

la luz dorada que en mi noche avanza.

Cantas en mis vocablos como un coro

de mineros hundidos en las peñas

buscando un ciego y lúcido tesoro;

pero antes hallarán unas pequeñas

piedras de luz los hombres en la roca

que tú el diamante que en la sombra sueñas.

Una montaña de hambre te convoca

con el sonoro y místico instrumento

de la lira que canta con tu boca,

y aunque el bosque se mueva con el viento

y enloquezca en la noche tu hondo armonio

como en temblor total del firmamento,

tú permanecerás junto al insomnio

sin poder preferir lo que prefieres

y sin poder triunfar de tu demonio.

¡Triste montaña, Orfeo, en la que mueres

sacrificando noches y linternas

para alumbrar un pueblo de mujeres!

¡Qué tumulto de ménades y piernas

quieren ahogar tu voz y tu deseo

de soñar para el hombre albas eternas!

Desde mi densa soledad te veo

perseguido por ménades furiosas

que odian tu nombre y tu belleza, Orfeo.

Son las furias de siempre escandalosas

amenazando al hombre cuando canta

y hace danzar el orden de las cosas.

Pero veo también cómo levanta

Tu ser su dignidad, porque los cielos

de su divinidad te dieron tanta

que a pesar de la hembra, honda de celos,

tu cuerpo hecho de címbalos y liras

libremente pasea por los suelos.

                        ***

Las melodiosas flores que respiras

dulces tallos ondean donde mecen

la suave ondulación conque las miras.

¿No oyes silbar los cedros que amanecen

y el temblor cristalino de la aurora

y el susurrar de cosas que verdecen?

Como del virgen bosque donde mora

tu firme soledad, surgen las aves,

de tí vuela tu voz, ave sonora;

y en tintineo de infantiles llaves

suena el río feliz por la cañada

lleno de garzas como blancas naves

mientras sueñas un agua transformada

por el remo tenaz de tu memoria

en la Venus de piel maravillada.

No se pára jamás la vieja noria

de tu amor en el tiempo, ni se cansa

de imaginar la piel evocatoria

por donde el sueño con su tacto avanza

piedras verdes creando en las pupilas

para mirar, mirar con esperanza.

Tu lira vé danzar manos tranquilas,

delicadas arañas con que ahora

la tela de amor cantando hilas.

Con el canto la vida se demora

y avanza un blanco pie por la pradera

despertando las cosas en la aurora.

La vida, Orfeo, ociosa y pasajera,

la vida de los hombres y las cosas

con el canto se vuelve duradera.

¡Rosal eterno en las mortuorias losas!

Antes se morirán las cosas vivas

que la perfecta formas de las rosas.

Toca el río con aguas sensitivas

los dedos de tus pies, serpea y toca

la quietud de las cosas fugitivas;

Toca el río la fuente de tu boca

y el río y tus palabras se confunden

de no saber quien sueña y quién evoca.

Así las de vivir se funden

en la hora de morir, lago fecundo

donde el orgullo y la pasión se hunden.

Y así tu canto, respirar profundo

del universo, enciende los fanales

que alumbrarán el corazón del mundo.

JUPITER A ORFEO

Desde los verdes prados inmortales

donde, como la muerte, vivo y moro,

oigo, Orfeo, tu queja de cristales.

Tú sabes que el destino es un tesoro

donde se guardan los hombres. Hoy te enseña

la brutal humanidad su rostro de oro

pero tu ebrio cantar nunca desdeña

la vida de los dioses, y prefieres

dar a cantar al dios que en tu hombre sueña.

No te asesinarás en lo que eres

por oír las pasiones que se agitan

en tí como un tumulto de mujeres.

Déjalas que se cansen y repitan

hasta el dolor su canto de sirenas,

pues lo que dulce dan amargo quitan.

Si con tu mano cuentas las arenas

buscando el tiempo eterno, el hoy de antes,

acerca al mar tus manos y tus penas

que olas de ayer, sonoras y diamantes,

te dejarán viviendo entre las manos

la rosa de un futuro sin instantes.

O mira hacia esos álamos lejanos

donde el aire del mar se reverdece

lo mismo que el recuerdo en los humanos.

Mira cómo el hombre se estremece

la certeza de ser uno y pequeño

como la planta que en la sombra crece.

Con tu castalia soledad de isleño

y tu milagro súbito de fuente

quieres ser y  no ser tu propio sueño.

Si a Eurídice contemplas frente a frente

a tu destino llegarás cansado

y hacia la mar irás, agua corriente.

ORFEO A JUPITER

Mi dios, oigo tus bronces…! Tus llamados

campanean presentes en la aurora

entre un son de futuros y pasados.

Oigo la mar, elástica y sonora,

milagrosa mujer y miserable

bestia azul que con labios enamora

ebria de eternidad, de tiempo estable,

sin ayer, sin presente, sin mañana

labio del infinito, hidra incansable!

De esta mar surgió Venus soberana

y en la concha su cuerpo sonreía

con una luz de garza en la mañana.

Por sus miembros de amor cantaba el día

y como delicados pensamientos

el aire sus cabellos esparcía.

Toda mi eternidad se iba en fragmentos

cuando el mediterráneo  azul cantaba

la música de un cuerpo hecho a momentos.

Hondo placer comienza y hondo acaba

entre ser y no ser la diosa que era

y la mujer que simplemente estaba.

                        (Mirando a Júpiter)

Padre mío, la mar, ebria pradera

Con verdes manos hizo los rosados

Miembros de la mujer, sagrada fiera,

torre de carne y huesos embrujados!

Se le adhería el mar como una herrumbre,

fijábase en su piel por todos lados

y como enamorada muchedumbre

hacia el monte subía por las piernas

como queriendo humedecer la cumbre.

¡La amaba el mar, sonoro de linternas!

De dioses es saber que entre las cosas

las infinitas aman las eternas

en un concierto de héroes y esposas

como el durable corazón humano

ama el eterno instante de las rosas.

JUPITER A ORFEO

La luz se hace sonora entre tu mano,

Orfeo; el alba canta milagrosa,

óyese aullar la noche como un piano

y al viento, ángel sonoro, en toda cosa

la música sembrando, en tanto sueñas

con el misterio virgen de la esposa.

Venus amas, Eurídice desdeñas

Porqye es Venus la forma enamorada

Y Eurídice, catástrofe de peñas.

Venus te llama a la región deseada

en que destino y vida son lo mismo

y el ser resiste al viento de la nada.

Eurídice te trae hacia el abismo;

ella es la bestia humana que te adora

como un enamorado cataclismo

¡y ay de tí si al minuto y a la hora

Sucumbes…! La pantera del instante

Puede asustar los ciervos de la aurora.

Cuídate, Orfeo, salava tu fragante

destino; no oigas silbos de sirenas,

puedes perder la rosa de diamante.

¡Orfeo, mira a Venus, las arenas!

Sobre tu antigua sumisión hoy llueve

la libertad, sonora de cadenas.

¿Quién es más bella: Eurídice de nieve

o Venus, delirante ojo asombrado

secretamente azul, como la nieve?

Te ordeno, pero piensa lo ordenado

como la libertad piensa al destino:

¿a qué Eurídice irás recto y sagrado?

ORFEO

                        (Solo. Voz de ala ahuecada)

Hombres y dioses son carne y espino.

Donde algún dios hunde su lanza

dulcemente los hombres sangran vino;

y donde clava el hombre su esperanza

le devuelve la tierra su energía

con que la noche del dolor avanza.

Yo ya no soy aquel que yo quería;

mi ser es una sombra de haber sido

y esta voz sin color ya no es la mía.

Todo lo que era un hombre, lo he perdido.

La silente ebriedad de mi deseo,

la libertad interna del quejido.

De la carne de Eurídice soy reo

y humano, pero esclavo de los dioses,

encadenado a cosas que no veo.

Ah, libertad humana que das coces

en pleno corazón, cuando el destino

con una voz nos llama entre mil voces!

La soledad sedienta del camino

puede llegar al agua clara y una

si el corazón se vuelve más divino.

Y el agua de la mística laguna

sonreirá en el alma con el brillo

vertical y sonoro de la luna.

La luna sobre el mar, sexo amarillo

la complicada libertad convierte

en un flujo fatal, ciego y sencillo.

Y el movimiento extraño de la suerte

se hace necesidad entre la vida

frente al azar seguro de la muerte.

                        ***

Eurídice, la mar enloquecida,

te amo, te soy recíproco y cercano

con un amor elástico y suicida.

Pero Venus, amor, tendió la mano

y Júpiter divino puso el dedo

sobre mi abierta libertad de humano.

Y no me queda más que el hondo miedo

de ser y no ser en esta aurora

en que solo me quedo y sólo quedo.

Ay, mar, enorme libertad sonora,

ciego animal hundido en el tormento

de ser y no ser hora tras hora!

Verde bosque movido por el viento,

Movilidad, la mar, fija y serena

y el mar, la libertad en movimiento.

Su castillo mi ser rompe y condena

y apenas como un náufrago, conquisto

la libertad irónica en la arena.

Ah, que el ojo del hombre nunca ha visto

con la cruel lucidez que yo lo veo

este ser y no ser mientras existo!

Y hombres y dioses son carne y deseo…

                       

                        (A continuación, clara y lejana,

                        la voz de Eurídice. Luego de cada

                        estrofa, un silencio y violines.

                        Consultar con Glück)

VOZ DE EURIDICE

El milagroso amor quiero ofrecerte;

no me dejes vivir entre la muerte

como los condenados. Alma mía.

Oh, criatura sonora, dulce amigo,

deja que en tu alma crezcan como el trigo

mi amor y mis palabras. Alma Mía.

Tu libertad de nada te ha servido:

ven al vientre fatal donde has nacido

como nacen los hombres. Alma mía.

Olvida a Venus carcelaria y dura

y vente a navegar en esta oscura

noche de los humanos. Alma mía.

Baja a buscarme hasta el infierno, Orfeo;

oye el rumor de espiga del deseo,

tu libertad, tu límite, Alma mía.

(Allegro maestoso y

                    telón)



                        II

CARONTIS NAVICULA

                            (Elegía)

Nave que me conduces al amor, navecilla

habitada por héroes y uvas

que en los vasos descansas un silencio de arcilla

en un tronar de címbalos y tubas;

navecilla del tiempo, barcarola ilusoria

donde el destino aún lucha con la suerte

sobre la lenta y densa corriente evocatoria:

no conduzcas mi vida hacia la muerte.

Orienta, barca eterna del ser, tu quilla hundida

sobre la milagrosa agua del vino;

no me traigas la muerte mientras amo la vida,

no hagas azar las cosas del destino.

Deja que esta agua corra, como por los desiertos

del tiempo, corre el hilo de la hora;

que otros ríos se vayan hacia el mar de los muertos;

yo me voy por la noche hacia la aurora.

Barca, inexistencia pura, simple fondo y fragmento

rama que a morir vas fresca y dorada,

el viento de las cosas y los hombres, el viento

de este mundo te empuja hacia la nada.

Pero hay brisas que besan todos los intersticios

del ser, se le confunden con la esencia,

cálidos hay monzones, prodigiosos alisios

que al hombre dan heróica potencia.

Yo amo esas brisas verdes, su callada fragancia

que a ésta barca sin dios, cóncavo leño,

lleva a través de un tiempo donde ya no hay distancia

a las praderas últimas del sueño.

Sonar en el follaje donde la vida sueña!

Y mientras las arenas llegan solas

al mar y sus follajes, yo soy ebrio en la arena

como el número amante de las olas.

Y vivir esperando lo que la muerte niega,

y la sangre no está nunca segura,

e ignorar, en la angustia de vivir, cuándo llega

la hora de iluminar el alma oscura.

                        (Vuelan demonios. Caronte

                          examina la nariz de Orfeo)

ORFEO

                            (Solo. Infiernos)

Como quien va hasta el fondo de sí mismo

y allí aprende a sentir que toda cosa

es por dentro un sereno cataclismo,

regresaré a la fuente milagrosa

sonando volveré al antiguo prado

donde el dón de los dioses aún reposa.

Y el cuerpo de la esposa, ebrio y rosado,

miraré florecer hondo y divino

como un otoño límpido y sagrado.

Sobre esta cuenca de odio mi alma inclino

en un ramo de lámparas eternas

buscando libertad en el destino.

Mi voluntad me trajo a estas cavernas

donde la luz se mueve prodigiosa

como un sonoro pueblo de linternas.

Techos iluminados y rocosas

nervaturas de tiempo detenido

donde brilla el recuerdo de las cosas.

Silbos de soledad, masas de olvido,

muerte continua y fija en el tormento

y la vida llorando, ciervo herido.

Héroes, dioses, pasan con el viento

y mi divino cuerpo siente humano

toda la eternidad en un momento.

Dentro el abismo atroz, no sé qué mano

se me sale del cuerpo y todo toca

y hace de estas cavernas un gran piano.

No sé qué certidumbre de mi boca

suena por la techumbre iluminada

como queriendo conmover la roca.

Resuena la caverna condenada

cuando desesperados testimonios

caen como pedruscos en la nada.

Y su aleluya cantan los armonios

mientras el dios total se rompe vivo

en un vitral inmenso de demonios.

Con esta voz que vuelve sensitivo

el muro del infierno permanente

y da quietud al cielo fugitivo;

con esta voz de címbalo demente

regresaré a la fuentes de la vida

y reiré cantando entre la fuente.

PLUTON

¿Cuál es el cruel azar que te convida

a huir con tu destino hacia el amor

como una virgen yegua perseguida?

¿Cuál es ese dolor,

cuál el altar

donde tu ayer sin fin cruje y delira?

¿Dónde el altar en que la ira

de tu millón interno de demonios

sangra bestial como una fiera?

¿Dónde ese sirenaico soplo de los armonios

las  iglesias que caen, el Dios entre los muros,

los pedros confesados, los cristianos antonios,

los seres más oscuros?

ORFEO

Mi universo es de espuma, pero es hondo;

en este movimiento de la espuma

todo es claro y feliz, puro y redondo.

¡Todo, todo es al fondo

fatal, hasta el azar!

Todo es comienzo y fin definitivo,

pero mi libertad conozco y vivo

como conoce el barco los vientos de la mar.

PLUTON

¿Y las iglesias, y los pedros, y los antonios?

ORFEO

Que se los lleve el demonio,

        el demonio, el demonio.

PLUTON

Que no te engañe la vida;

cuídate de zozobrar

con tu pobre barca herida

sobre las aguas del mar.

ORFEO

Las brisas vienen del hombre

como vienen de la mar.

Con la mar se viene el viento

y con el viento el azar.

Plutón! Las barcas humanas

se van a vivir al mar

sabiendo que barca es barca

cuando sabe zozobrar.

Entra el agua por los poros,

cae el hombre salado hasta el hombre,

se echan al agua todos los tesoros

y el agua canta universal su hambre.

PLUTON

Aire tienes de dios, y hasta tu mano

donde toca, despierta lo divino;

pero ese vacilar de tu destino

sólo es humano.

Cuando veas el río de un murmullo

fatal, como una naufragio de profetas,

son los dioses que van como saetas

al Acto suyo.

Pero si vez alguna tú has sentido

en tu memoria arder reminiscencias

y el río de tu ser arrastra ausencias,

humano has sido.

La brisa de las cosas, libre y fina

es la fatalidad de los mudable,

y los ríos, de muerte interminable,

sangre divina.

Te hace divino tu morir si huyes

por la puerta final de cada instante

y haces de tu morir vida constante

y hacia la vida por la muerte fluyes.

                                       (Se retira)

ORFEO

                        (Solo. Hielos. Infierno)

El corazón que tengo no se espanta

como jamás el corazón se arredra

cuando la voluntad de un hombre canta.

Subir por el amor en verde hiedra

hacia la rama que el dolor levanta

y el abismo caer como una piedra!

La voluntad de amor se me agiganta

viendo cómo la masa de la nada

con pasos de elefante el ser quebranta.

Y aunque vea caer nieve sagrada

sobre el extraño bosque de la historia

no quedará mi rama congelada.

¡Diamante de los hombres, ebria gloria

de ser y no ser presente ausencia

y ser hijo, no más, de la memoria!

¿Qué permanecerá de mi honda historia

si no llego yo a ser de los que han sido

una clara y fatal reminiscencia?

¿Y seré alguna vez lo que he elegido

ser, si no resucito y rememoro

el ser que tuve y canta el olvido?

Yo tuve un ser escrito en letras de oro

que en eleusinas agua sonreía

y era estrofa de luz en el gran coro.

Hoy soy un hombre y tengo la voz mía

y con mi genio quiero y con mi esfuerzo

tener la que mi ser antes tenía.

Ah la felicidad de ser un verso

preciso, ebrio, sonoro, articulado

en la estrofa coral del universo!

                (Silencio. Eurídice va apareciendo

                             lentamente por el fondo

                               llega al lado de Orfeo)

ORFEO

Vivamus, mea lesbia, atque amemus…!

¡Qué infierno éste tan claro, iluminado!

Ciega mía, veamos, recordemos.

Tan sonoro este infierno y tan callado,

tan ciego amor y puro y construído

tan claramente urdido y levantado!

EURIDICE

Eres rayo en la noche, ciervo herido.

ORFEO

Para calmar mi sed, para encenderte.

EURIDICE

Y como un dios resistes al olvido.

ORFEO

Y como un hombre, lucho con la muerte.

EURIDICE

Como la libertad vence el destino,

con tu música vences a la suerte.

ORFEO

Y son tan libre, amor, como un camino.

EURIDICE

Y quién sabe si el tiempo de las rosas

no será el mismo tiempo del espino.

ORFEO

Eurídice, estas aguas milagrosas

antes de ir al mar, fueron la vida;

y son muchos los tiempos de las cosas.

EURIDICE

Pero llega el momento en que la herida

en un cristal de ríos y leones

se va a un tiempo fatal, fin y partida.

Y hay un arpa que anuncia con bordones

sobre esta primavera y este invierno

un tiempo de divinas estaciones.

ORFEO

Amo el sol de este mundo, el brillo externo

de estas cosas que pasan y fenecen

y en su mudanza dejan algo externo.

En plutónicas ollas se me cuecen

tiempo y eternidad entre el deseo

de ver como las cosas amanecen.

Tu hígado inagotable, Prometeo,

Tu amor, tu luz humana ha concebido

Que al fondo de las cosas cante Orfeo.

EURIDICE

Algo bello y sin ser, algo perdido

como una ola armoniosa en las arenas,

algo como el amor quiere mi oído.

Quiero sonar, Orfeo, como suenas,

sentir el cuerpo abrírseme de bocas

como si fuera un pueblo de sirenas.

ORFEO

Yo siento el movimiento de las rocas

que en terremoto de pasión y minas

a las eternidades caen locas;

siento el horror en todas las esquinas

del universo, y candorosamente

haciendo voy de tí formas divinas.

Eurídice, tu piel fija y silente,

timbal de carne y leche, hondo y mortuorio

con olvidado resplandor de fuente.

Y tu cabello, río evocatorio

donde anclada mi vida permanece

como un pez de dolor, peine ilusorio.

Carne inmortal que sangra y amanece

te veo preguntar –y no hay respuesta-

por el placer que sangra mientras crece.

Carne aquella que vives, carne esta,

te vas muriendo en fin por multitudes

y te veo crecer como una fiesta.

Te veo regresar en ataúdes

y cánticos de amor en las praderas

donde toros habitan y virtudes.

Quiero salvarte pura y sin fronteras

y mi sexo mover en tus entrañas

como se mueve un brazo en las galeras.

Pero quiero tu ser sin artimañas,

sin hembra omnipotente o Venus loca;

que amor sin posesión mueve montañas.

EURIDICE

                                     (Tota femina sexos)

Y yo quiero sorberte con mi boca

y brillaren en tu ser como un diamante

que alumbrase en la entraña de una roca.

Como en la estrella vive el navegante

yo quiero que tu ser, cóncavo leño,

mueva en mi piel de amor dedos de amante.

De ti quiero ser toda un solo dueño;

que a mi vientre aferrado permanezcas

como en la muerte habita y vive el sueño.

Y que sobre mis prados cantes, crezcas,

resbale tu sonido por mis lomas

y por mi soledad tus aguas frescas.

Donde pasa mi pie surgen aromas;

toca mi planta el suelo y se levanta

la vida en muchedumbre de palomas.

Cuando mi blanco pie pone su planta

sobre estas rocas, el infierno siente

el frescor del recuerdo que en mí canta.

Noche ciega y sin luz habrá en tu mente

si no llevas mi cuerpo hacia tu mundo

y lo miras abrirse dulcemente.

Quiero que oigas el címbalo profundo

destas entrañas mías donde suena

el símbolo de un cuerpo ebrio y fecundo.

Olvida a Venus psíquica en la arena;

que sus espumas caigan en la nada;

olvida ya la mar anadiomena.

Ven a vivir mi carne saturada

de dioses y demonios; ven y mira

esta carne de dioses endiablada

donde la voz del ser ruge y delira

como el hondo silencio de los montes

cuando tu voz se mezcla con la lira.

Todos los hombres son Janos bifrontes;

quieren todos volver a lo perdido

como quien va a futuros horizontes.

Nadie deja de ser lo que ya ha sido

y el que nace de vientre enamorado

a enamorado vientre es conducido.

En ángeles de sal desciende el hado

para azuzar los bueyes del olvido

y conmover los cedros del pasado.

Mira que de mujer fuiste nacido;

tu ser riente de fluvial euforia

a un vientre universal es conducido.

Muérete, pues, de vida transitoria

porque habrás algún día de quedarte

como un niño, desnudo y sin historia.

ORFEO

Eurídice, me voy hacia la parte

del mundo en la que sólo está presente

la voluntad de verte y no mirarte.

Me voy como los ciervos a la fuente,

simples de amor, delgados y sedientos

para beber la elástica corriente.

Me voy, me voy callando los tormentos

como se van los vientos, como pasan

bajo la luz del sol los pensamientos.

Sólo me das de tí cosas que abrazan,

nada puro me das, sólo pasiones

que los campos del ser queman y arrasan.

Ese vientre armonioso, a cuyo sones

baila todo el infierno, no me basta

para vivir ausente de mis dones;

detrás de esta luz simple y casta

y como en procesiones infernales

toros doscientos mil muestran el asta.

Brujas y monstruos danzan funerales

en tu vientre de amor, y zumban locas

las moscas en tus carnes inmortales.

Ese cuerpo de luz tiene cien bocas

de un esplendor secreto y miserable

que exhalan humo y miel, como estas rocas.

Tu dulce voz me corta como un sable

me convida a morir entre tus piernas

y a olvidar mi canción inolvidable.

Yo descendí cantando a estas cavernas

para buscar la luz de Prometeo

y en tu ser corporal formas eternas;

bajé queriendo recordarme Orfeo

y en lugar de los ciervos luminosos

encontré las panteras del deseo.

En otro tiempo fueron más hermosos

estos ojos, Eurídice, que ahora

se van, se van cantando entre sollozos.

No se acostumbra el ojo que no llora

a imaginar el mundo como un prado

donde, al lado del ciervo, el tigre mora.

Tu voz era en mi ser ritmo sagrado;

la pradera del mundo estaba hecha

para correr, correr enamorado.

Y ahora tu voz, envenenada flecha,

me ha enseñado a pensar que a cada instante

dentro del hombre el animal acecha.

En otro tiempo el ser era un diamante

Al fondo de de las cosas, y hoy se mueve

En una rosa líquida y cambiante.

Los campos de la vida, en los que llueve

continuamente el tiempo inextinguible

son hoy un frío resplandor de nieve.

Este Orfeo que soy, casto y terrible

podía conducir tu cuerpo mudo

al extremo fulgor de lo sensible.

Algún dios inocente, simple y rudo,

me condenas fatal a amar la vida

en tu cuerpo maléfico y desnudo.

Y este Orfeo que soy, abierta herida,

este Orfeo que ves y que prefieres

no puede hallar en tí la voz perdida.

He razado aleluyas, misereres,

Kyrie-leison benditos, gritos santos,

y he aprendido a rezar con las mujeres.

Arcos de soledad, siglos y llantos,

permanecí en silencio, ciego, inerte,

pisoteado por un millón de santos,

sin fuerza, amor, para volver a verte

por entre las velas y resurrecciones

y el estúpido aroma de la muerte.

Quiero resucitar aquellos sones

de cuando el dios del vino era una feria

de alegría, tragedia y procesiones.

¡Qué señorial y casta la miseria

de nada poseer sino aquel vino,

aquella extraña, inacabable histeria!

¡Terrestre carnaval, olor marino,

carro frutal de bestias suplicantes

donde ríen lo humano y lo divino…!

Carro de luz y carnes exultantes,

carne, huesos de paz, carne de guerra,

alma de eternidad, rosas de instantes;

y por las frentes un verdor que encierra

junto al alud de amor y sentimientos

el verdor milagroso de la tierra.

Lágrimas de la vid, frescos sarmientos

que del suelo crecisteis a mis manos

y de las manos a los pensamientos.

Deliciosos verdores y paganos

amores, hecatombes, ramalazos,

copa llena del dios, dedos humanos.

Eran bellos de ver sangrientos vasos

en procesión fatal de la alegría

y en tumulto de ménades y brazos.

La corriente del ser así fluía,

tal en racimos la pasión cantaba,

pasaba así la procesión del día.

Lo hímnico, lo triunfal era y estaba

en perseguir la eterna primavera

y a la vez adorar la que se acaba.

La rebelión humana toda era

Revuelta de las carnes y los huesos

Por conquistar el alma duradera.

Pero un alma de carne y no de rezos,

alma de humanidad interminable

de amor y de dolor, mordisco y besos.

Sobre el cordero se meneaba el sable

sabiendo que entre dioses y cuchillos

sólo lo que es humano es perdurable.

Sobre la muerte se meneaban brillos,

relámpagos sin fin, albas oscuras,

y en la noche del ser cantaban grillos.

¿Cómo no amar las bellamente impuras

estaciones del ser? Y aún ahora

¿Cómo no amar la tierra y sus criaturas?

Pero me crece el odio a toda hora

porque a este mundo lo gobierna un cerdo

borracho, ebrio de sangre, alma traidora.

¿Qué ha de perder mi vida y yo qué pierdo

de los reinos de Dios, si entre la muerte

oigo el desfile inmenso del recuerdo?

Y a este mundo de nervios, denso y fuerte,

tocar quiere una luz enamorada

que a lo fatal convierte en simple suerte.

Pero todo es al fondo ley dictada

desde la entraña de los elementos:

todo es azar fatal, espuma y nada.



                        III

JUPITER

¡Entusiasmo, Entusiasmo de la aurora!

¡Si reconozco apenas a este Orfeo

en revuelta metálica y sonora!

Prados eolios, vientos del Egeo,

¿reconocéis antiguos sacrificios

en este sacrificio del deseo?

¿En dónde están los blancos edificios

que habrán de sepultar esta agonía?

Prados, prados de ayer, vientos alisios

¿y reconoceréis la rebeldía

de un ser que canta libre entre las cosas

con una libertad que no es la mía?

¿Y donde están las piedras milagrosas

de lo fatal aquello, y las praderas,

y la inmortalidad de aquellas rosas?

ORFEO

Tampoco eres, mi dios, lo que antes eras;

ven a vivir el gran renacimiento

y a gobernar las nuevas primaveras.

Renovarse o morir… Ser como el viento

de la divinidad, que está en las rosas

y muere y vuelve a ser cada momento.

Estas fatalidades herrumbrosas

en cuya oscuridad el ser andaba

y movíase el orden de las cosas,

son hoy la libertad que ya anunciaba

la luz de Prometeo, y la alegría

que, sin querer, tu amor profetizaba.

Prometeo surcaba la agonía

como un sereno barco en la tormenta

y por amor del hombre padecía.

Por ese amor su víscera aún alienta,

su cuerpo aún triunfa del horror marino

y enseña al sol su libertad sangrienta.

Mi dios, la libertad es un espino

que azuza y hiere al hombre en sus entrañas

y hace saltar la sangre del destino.

Prometeo dio a luz razas extrañas,

y la sonoridad les dio conmigo

para mover, cantando, las montañas.

JUPITER

En Eurídice ves un enemigo

y no ves que te abraza enamorado

su cabello ondulante como el trigo.

ORFEO

Ese ligero azul cabello alado

y esa ternura cíclica y monstruosa

quieren volverme a ver despedazado.

JUPITER

¿Qué ves en su ternura milagrosa

y en su deseo de ceñir tu vida?

ORFEO

Veo una horrible espina entre la rosa

y rencor maternal de bestia herida.

JUPITER

¿No ves, Orfeo, que su sangre abraza

tus plantas y tus piernas, encendida?

ORFEO

Tú no conoces, dios, esa tenaza,

esa seda fluvial que como un lienzo

la voz de mis gargantas amordaza.

Dormido estás en tu recuerdo inmenso;

no puedes comprender lo que yo digo

ni pensar con mis ojos lo que pienso.

El hombre, que antes fue pan de tu trigo,

el poema en tu ser hecho y creado

con luz, sombra y amor, no está contigo.

La libertad del ser se ha consagrado;

te localiza el hombre con antenas

y triunfa Prometeo liberado.

Ya no hay angustias, destrucción ni penas

que amedrenten al hombre en su embestida

contra tu mar de perros y cadenas.

Transfórmate, mi dios, si quieres vida;

suaviza un poco tus murallas toscas,

que tu fatalidad está vencida.

Y a Eurídice, serpiente de mil roscas,

que su vientre feroz para y reviente

y su deseo exhale con sus moscas;

que resople su piel, siglos aviente

lejos de sí, y entonces, pura y suave

venga a decir su amor claro y sonriente.

Sólo así mi instrumento hablará grave,

contará con la voz de su destino

y tendrá puerto el hueco de mi nave.

Ven a beber, mi dios, en este vino

de la desgracia humana, y de la gracia

de transitar los dos igual camino.

Mira como mi canto no se sacia

con este antiguo viento que regresa

viento de Europa azul, viento del Asia.

Con esta ola que vieve, y muere, y besa,

haz que asomen tus proas inmortales

sobre esta playa humana que no cesa.

Y como en las divinas bacanales

barcas humanas de divinos remos

volveremos a ser ciegos, fatales,

volveremos a ser, y volveremos…!

ORFEO

                            (Nuevo cuadro. Campos eolios

                        Orfeo canta con su instrumneto.

                               Lírica eolia. Una sola voz)

Prado de ojos y cedros silbadores

donde el ciervo del ser corre asustado

como el ave que danza en los verdores;

verdes lomas del mundo recordado,

pechos suaves y lentos de mi historia

cuyo futuro canta en el pasado.

Y otoño en oro de secreta gloria

creciendo entre los árboles serenos

como crece el recuerdo en la memoria.

Campos de mi ebriedad, negros terrenos

donde muere la muerte y nace el vino,

el más sagrado y fiel de los venenos,

de los dones del sol el más divino

que al imbécil sin luz hunde y separa

de aquel a quien le da fuerza y destino.

Ríos de amor antiguo y alma clara,

dejad que lave Eurídice el deseo,

dejad que vuelva a ver su antigua cara.

Permitidla volver a ser de Orfeo,

dejadme contemplar la vida entera

y no esas fauces negras que yo veo.

¿Y volverá la enorme primavera?

Lo eterno ¿volverá a ser un momento?

¿Cantará en lo que he sido lo que era?

En estas frondas ¿cantará aquel viento?

Vuélvete, amor, regresa, que en tus pechos

veo venir el gran renacimiento.

BACANTES

                   (Música atroz. Chillidos electrónicos)

Lo que no te esperabas, Orfeo

lo que no imaginó tu guitarra

fue esta bella y estúpida garra

que hundirá tu virtud en deseo.

Míranos que en el prado avanzamos

Y en falanges venimos a verte;

Te traemos los últimos ramos,

Te traemos el don de la muerte.

Sobre ramas, y crac, sobre ramas,

sobre hojas, y crac, sobre hojas,

ya tu piel arderá en llamas rojas

porque en todo lo seco habrá llamas.

¡Que te damos el don de la vida!

¡Que de Eurídice el don te traemos!

Una barca de amor conducida

por fatales y lúcidos remos.

Que te viene el amor

y el dolor

y el blancor

de la muerte;

que te viene la trágica hora

y te viene la vida

teñida

de muerte;

¡que te viene la trágica aurora!

ORFEO

¡Fuera, putas del bosque, hembras hambrientas,

que os enrabia este canto liberado

de esas bocas famélicas, sangrientas!

¡Fuera, putas de Dios, dejadme atado

a esta soledad en donde vivo;

id a buscar al Príapo encelado,

váyase al diablo vuestro amor lascivo,

dejad mi cielo trágico y sereno,

dejad a un hombre ser dios sensitivo.

BACANTES

Cric, crac, grrr, grrr,

cric, cric,

crac, crac,

que te habremos de destruir

que te habremos de destrozar

y te haremos gemir

y te haremos rogar

y te haremos llorar y morir.

Grrr, grrr, tu vida

no vale nada, Orfeo;

y que tu vida no vale nada,

y que la nada no vale tu vida,

y al demonio con Prometeo,

y al demonio con tu demonio

y con la indiferencia

de tu llanto

y con ese maldito armonio

y con esa maldita paciencia

conque labras tu trágico canto.

ORFEO

Desprecio de oro, ven a esta garganta

como al cedro silente van los vientos:

¡fuera, fuera de mí, canalla santa!

En mandas, en ménades, en lentos

arrozales de horror, cerca las veo

avanzar como ejércitos sedientos,

todo el prado sembrado de deseo,

de un lys negro cubriendo la llanura,

hacia la imbécil destrucción de Orfeo.

Son bellas. Por sus miembros, la luz pura

del bosque. Puso un cielo femenino;

pero al fondo olvidó la garra dura.

Divinas son. Mi ser, viejo y divino

sabe cuán dulces son en primavera

y cómo, en otoño, odian el vino.

Pero Baco es aún más de lo que era:

vino que nace en todas estaciones,

ebriedad en el hombre duradera.

Mi dios sabe escuchar los ebrios sones

de un poeta que canta entre las cosas

un tiempo de divinas estaciones.

Bacantes, ay, del tiempo! Blancas losas

donde no fluye el ser, donde no pasa

la vida con sus aguas milagrosas.

VENUS

                               (Vestida de cazadora)

Hijo mío, la sangre de tu casa

te hace volver al vientre en que has nacido,

a la fuerza vital que ama y abraza.

La carroña carnal se ha desprendido

de tu lucido amor, y tu pasado

sabe cómo jugar con el olvido.

ORFEO

¿Quién eres tú, que madre te has llamado?

VENUS

El vino de tu ser creció en mi copa.

ORFEO

Y el vino de mi ser creció asombrado.

Deja caer de ti la blanca ropa

y en tu frescor podré reconocerte

si eres la hija de Grecia y de la Europa.

VENUS

                            (Deja caer sus vestiduras)

En esta desnudez habrás de verte;

mírate bien, Orfeo, en el espejo

donde habrás de vivir hasta tu muerte.

ORFEO

         (Retrocediendo: terribilis et mirabilis)

¡Cómo se ha vuelto mi ojo frío y viejo!

VENUS

Joven es tu ojo azul, grande y razgado;

joven, sereno y puro tu entrecejo.

Que es joven, hijo mío, lo pasado

cuando el ojo de un hombre está despierto

y en el reino del ser mira asombrado.

Cierto es el corazón, el cuerpo cierto

pero aún es más cierto el ser de carne humana

cuando en la noche sueña que está muerto.

En tus tinieblas sueñas la mañana,

y sueñas que estás muerto, y que tu vida

en su silencio lleva una campana.

Densa carne de siglos, carne herida,

soñando estás que vives, y entre los sueños

tal vez puedas hallar la luz perdida.

Grandes tus pasos, y tus pies, pequeños,

hacia Estigias, Infiernos, Misereres

echaste sobre el mar cóncavos leños,

barcas llenas de dioses y de seres

que esperando hallar lo femenino

y no un violento pueblo de mujeres.

Pero yo soy el fin de tu camino,

y en mí, hallarás, al fin, enamorado,

tu libertad, tu pueblo y tu destino.

ORFEO

Sueño, madre, que soy sueño soñado;

¿y quién soñó este sueño persistente,

quién soñó lo futuro y lo pasado?

VENUS

Nadie ha soñado nada, y es tu mente

la que pone principio y fin al mundo

siendo este mundo eterno ser presente.

ORFEO

Un sueño tuve yo, casto y fecundo:

era una gruta azul, como una huída,

yo era superficial en lo profundo.

¿Quién pudo soñar una salida

no vio que el hondo mar es alta espuma

y la muerte lo mismo que la vida?

Donde canta la luz, sueña la bruma;

queda un humo del ser de lo que estaba

y lo presente y real se nos esfuma.

Todo es contradicción…! El hombre amaba

lo que hubo de roerlo, y sin embargo

el hombre empieza donde el hombre acaba.

Noche es alba y luz sombra y dulce amargo;

la pobre vida humana, una arboleda

junto a un sendero a veces corto y largo.

¡Ah, la marcha del tiempo, una gran rueda

que tritura las mieses del destino!

Y todo lo que pasa siempre queda.

Una gran rueda el tiempo y remolino

donde se mezclan horas y ciudades,

agua furiosa y espumante vino;

los tiempos se revelan, las edades

y en el reino infernal donde vivía

se amotinan, sangrientas, las deidades.

Todo instante futuro es ya tardía

reminiscencia de algo más futuro;

y este camino de hoy, antigua vía.

Rayo continuo el tiempo en cielo oscuro

delicado relámpago la aurora

que nos parece ser presente puro.

Todo es contradicción, mudez sonora,

eternidad silbante de los vientos,

respiración humana de la hora.

¡Todo, todo lo eterno son fragmentos!

La sustancia del mundo es sólo un río,

agua total que fluye netre momentos.

VENUS

Amo ese tiempo eterno tuyo y mío;

pero ¿de dónde espacio y primavera

han de sacar el tiempo del estío?

Hijo, tú eras un ser que estaba y era,

y tiempo cantaba entre las cosas;

amaba el espacio azul de la pradera.

Ama la claridad ebria de rosas,

ama el espacio eurídice en fluviales

y dulces aguas verdes milagrosas.

Todo es contradicción, fiesta y cristales

del mundo, Orfeo, y van por la cañada

donde juega el azar, aguas fatales.

Todo es contradicción, fiesta sagrada…!

La Eurídice animal de la que huye

tu canción, volverá purificada.

Y no será la bestia que destruye

maternal y furiosa, cuando amas;

será la virgen que en tu sangre fluye.

Alguien oirá cuando en la noche llamas

al universal fuego de la historia;

saldrá pura la virgen de las llamas.

Todo es contradicción, desgracia y gloria…!

El futuro equilibrio es un pasado

y el porvenir un don de la memoria.

ORFEO

                   (Solo. Prados eolios. Último cuadro)

Sobre este ser original, creado

con mi sólo recuerdo y con mi duda

¿podré yo adivinar lo recordado?

En este río de ángeles que muda

su ser a todas horas y es constante

¿bañaré yo mi libertad desnuda?

Y en este prado de árboles silbantes,

mi alma que vive de cantar la vida

¿pervivirá a las rosas del instante?

Tal vez vuelva a sangrar la vieja herida,

acaso un viejo y gigantesco armonio

vuelva a encontrar en mí su voz perdida.

Acaso, acaso un viejo testimonio

lo diga todo! Pero el mundo, ahora

sobre otro dios está y otro demonio.

Suenan materia y alma entresonora,

lanza y cuchillo en cascos y enemigos

y los caballos blancos de la aurora.

Alpes y Vosgos son viejos testigos.

con soplos de odio ululan los mortales

y al viento del amor silban los trigos.

¡Oh vértebras gigantes, minerales

piedra sonora y mudo cautiverio,

gran silencio de rocas animales!

¿No volverá a nacer el viejo imperio?

¿No hay algo eterno en vuestros viejos dones,

alguna profesía, algún misterio?

Mi virgen rebelión y mis canciones

hara que, maternal, cruja la entraña

de los montes, y bajen en peñones

y se rompa de amor cada montaña

y toda Europa cruja y se difunda

por toda la espaciosa y triste España.

De esa primer Europa, una segunda

resurgirá cantando con mis manos;

verá nacer su vida más profunda.

Se harán los pueblos todos más cercanos,

todos colores de una gran pintura

donde equilibrio y masa son humanos.

¿Hay pintor que me pinte esa figura

donde no hay brazo humano que no sea

un dibujo sin luz, materia oscura?

Aún, a pesar del tiempo, el sol desea

que Prometeo triunfe de los dioses

y preda en su fulgor la antigua tea.

Y una apretada multitud de roces,

el pueblo humano, espera que se encienda

un incendio total de verdes voces.

Vendrá el tiempo en que un buey será la prenda

de los dioses que habitan en la nada;

y hablará el vino en la fatal merienda.

Y vendrá el tiempo en que mi mano, helada

al frío de los siglos, cante sola

como canta una voz enamorada.

Si cada hombre en su altar la bestia inmola

vendrá otro amanecer claro y surgente

como una verde y gigantesca ola.

Y al ser que iba a morir fresco y sonriente

Sobrevendrán corrientes inmortales

Y su agua será toda y permanente.

¡Qué címbalos y flautas de cristales

vendrían del universo, y qué sonido

no escucharán las barcas siderales!

No Dido, sí Lavinia! Jamás Dido

me impedirá la tierra duradera,

el verdadero reino prometido.

Aún hay sobre este mundo una pradera

para el hondo y final renacimiento,

para la vieja y nueva primavera.

Sobre la tierra triste hay un fragmento,

una Hesperia de luz por donde el llanto

vuela odio y vuela amor, igual que el viento.

No podrán la metralla ni el espanto

de morir en la sombra, atar mi verso;

siempre habrá algún refugio para el canto.

Dejadme algo de genio, algo de esfuerzo,

veréis mi libertad, veréis mi domo;

el caballo fatal del universo.

Eurídice fatal, ya verás cómo

tu amor y tus recuerdos miserables

duro me dan y duro sobre el lomo;

duro como con y látigo de cables

como la mar del tiempo en las criaturas

sus viejas aguas tristes incansables.

Pero sólo verás las líneas puras

de tu ser, cuando suenes en mis manos

entre visiones rápidas y oscuras,

como concierto de rituales pianos

como un órgano en fuga sostenido

por pilares artísticos y humanos.

Me quema el soplo del recuerdo herido,

me duele la amplitud de cuanto vive,

árdeme el resplendor de lo vivido.

¡Tanto recuerdo atroz me circunscribe…!

Esta canción que ayer no recordaba

hoy su memoria sobre el aire escribe.

Lo que ha sido recuerda lo que estaba,

las viejas dudas tiene alo cierto,

y el que dio amor no supo cuánto daba.

Más me valiera estar cumplido y muerto

que presenciar jamás el acto mudo

de caminar la arena en el desierto.

                        ***

Y sin embargo, y a pesar, el nudo

que a mi vida sostiene, no está suelto;

mi libertad, un dios que anda desnudo

por el prado camina simple, esbelto

como tigre de orgullo y de certeza

resuelto al canto y al amor resuelto.

Yo tengo un dios antiguo en toda mesa

donde el vino, terrestre y masculino

sube como un recuerdo a la cabeza.

Dura tabla pagana en donde el vino

basta para inventar una criatura

con un papel, un lápiz y un destino!

Penetraré cantando la espesura

donde gimen los hombres hacinados,

con mi vino, mi voz y mi tortura.

La pobre humanidad de ojos cerrados

abrirá las ventanas, y la brisa

refrescará los ojos calcinados.

La pobre humanidad, ebria de prisa

volverá a hallar dramático descanso

pero será en el canto y la sonrisa.

Y será de un irónico remanso

donde saldrá del agua una campana

y un río nacerá, silente y manso.

No será de fusil la vida humana

ni del oro será, sino del verso

de un ser puro que llora en la montaña.

Fluya el río del ser viviente y terso

y el mar lave los cielos con sus manos:

que se conserve limpio el universo.

CORO FINAL

Veo venir diez mil renacimientos

y al fondo de este tiempo conmovido

la eternidad del ser hecha momentos.

Veo volver los pájaros al nido

y todo lo que es hoy la vida humana

volver sangrando a todo lo que ha sido.

Tan sonora es la luz, y tan cercana

al oído de un ser que se despierta

como el són auroral de una campana.

La garza de la mente no está muerta

y mientras haya vida y esperanza

clara es la vida y la esperanza cierta.

Ah, cuidemos los Idus, Marzo avanza

como una espada inmensa en el abismo

y en nuestra noche el rayo no descansa!

Sólo el hombre destruye al hombre mismo;

vosotros, que aún amáis, mirad que ahora

puede venir, total, el cataclismo.

Siempre estará mi ser viendo lejanos

ciervos del río que la mar devora;

y en la noche fluvial de los humanos

una terrible y milagrosa aurora.

FIN



NOTA FINAL DEL AUTOR

Este poema o cantata, publicado por primera vez en 1980, fue escrito en 1961. El primer manuscrito data ya de veintisiete años. Estaba yo recién llegado de Europa y quise resumir en un vasto poema todo mi sentimiento de la antigua cultura. Canté una Europa pasada y una Europa futura, y lo hice con mi letra de americano. Después de tantos años y de sucesivos manuscritos y correcciones, al fin he abandonado a su suerte este poema musical. Musical, digo, porque está escrito para ser cantado o recitado con acompañamiento de liras, pianos o violines. Tal vez algún día un músico y un escenógrafo se decidan a emprender al loca aventura de montar este poema en un teatro. Podría hacerse con él un verdadero ballet ruso al estilo de los de Diaguilev. En cuanto a la crítica y los colegas, no espero absolutamente nada. Sé que este poema es desusado, fuera de tiempo; es más bien un poema para el futuro. Hoy no se usan los poemas largos y muy trabajados, llevados hasta la máxima perfección formal. Yo me contentaré con que uno o dos espíritus afinados musicalmente sepan comprender el secreto esplendor de estos versos que ahora van a correr su destino entre las gentes. En este poema, POESIA es: combinación musical de símbolos.

LUDOVICO SILVA

OPERA POETICA 1958-1982

Ediciones de la Presidencia de la República

Marzo, caracas, 1988.



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Fecha de última actualización: 21/10/2009


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