¡LA BUROCRÁCIA SE COME A LOS POETAS POR TAJADAS! ·



Artículos y Ensayos
Francisco Pimentel ( Job Pim )
Poeta y humorista venezolano
Caracas, 1 Sep 1889 - Caracas, 12 Ag 1942


Poemas y artículos selectos

 

Francisco Pimentel fue conocido en Venezuela, su patria natal,

por el pseudónimo de "Job Pim" y también por el de "El Jobo".

 

Nació en Caracas en 1889. Sus padres fueron Francisco Pimentel

y Margarita Agostini. El padre fue escritor, miembro de número

de la Academia Venezolana de la Lengua; su madre también hizo

incursiones en las letras. Cursó cuatro años de Derecho,

sin llegar a terminar dichos estudios.

 

Se inició Francisco en el periodismo en 1911, escribiendo en

El Nuevo Diario una sección en verso que tituló Pitorreos.

Luego colaboró también en El Universal, La Esfera, y

El Imparcial. Fue co-fundador de El Heraldo. En 1912 aparece

en la revista El Cojo Ilustrado. Colaboró también en Elite,

y Fantoches -casi siempre en verso.

 

En mayo de 1918 Pimentel funda su propia revista que tituló

Pitorreos, la cual se transformó, en agosto del mismo año,

en diario, teniendo como colaborador al humorista "Leo"

(Leoncio Martínez), y otros escritores jóvenes. Pitorreos

gozó de una popularidad extraordinaria, pero en enero de 1919,

por orden de Juan Vicente Gómez fue suspendido, destrozados

sus archivos, y él y Leo reducidos a prisión en La Rotunda de

Caracas. Desde cuatro días antes, se hallaba encarcelado en

dicha prisión su hermano Luis Rafael, y a ella ingresaría poco

después otro hermano, Tancredo.

 

Empieza así el primero de los tres encarcelamientos que hubo

de sufrir Job Pim, -cada uno de ellos duró un promedio de

tres años. De su calabozo en la fatídica cárcel La Rotunda,

traía siempre algunas composiciones, que el propio autor las

calificaba de tono "grave". Y en los intervalos de libertad,

entre uno y otro encarcelamiento, reasumía sus composiciones

en tono "agudo", de sano humorismo. En una época tituló sus

diarios y festivos versos: Crónicas Jobiales.

 

Su primera prisión, que duró desde enero de 1919 a diciembre

de 1921, fue la más terrible. Durante todo ese lapso estuvo

totalmente incomunicado, sin ver la luz del sol, privado del

baño; oyendo la agonía de muchos de sus compañeros a quienes

sacaban muertos. El Jobo soportó grillos de setenta libras

acostado en el suelo sin siquiera una mala colchoneta.

 

Cuando fue asesinado don Juancho Gómez, hermano del Presidente

Juan Vicente, en junio de 1923, fue llevado de nuevo a La

Rotunda. Salió a los tres años, y al salir interrogó al Alcaide

que estaba de turno, por qué lo habían hecho preso, para

decirlo en su casa.

 

Su última prisión fue en el año de 1928, después de la

protesta de los estudiantes. Pasó varios meses oculto, pero

luego decidió entregarse. Durante esta última prisión, a causa

de habérsele presentado un dolor de estómago agudo y constante

-principio de la enfermedad que le causaría su muerte-  se

logró que lo pasaran al Hospital Militar, donde estaban otros

presos entre ellos don Casimiro Vegas, padre de María Luisa,

la que fue después su esposa.

 

En su última prisión escribió unas coplas al coronel Jorge García;

aún allí florecía su ingenio y triunfaba su espíritu. Con las

siguientes coplas correspondió el Jobo a una inesperada gracia

que concedióle el Alcaide de La Rotunda, permitiéndole que

aprovechara los servicios de un dentista, que había ido a terminar

un trabajo a Lucas Manzano, para que se mandara a hacer una plancha

dental:

 

Señor alcaide y guardián:

siempre fue la gratitud

la más excelsa virtud

que los mortales tendrán:

 

Darle gracias, pues, me toca

y las doy con efusión;

pues si el favor fue en la boca

me llegó hasta el corazón.

 

Otro tiempo en este "hotel"

me dejé la dentadura,

y no me dejé la piel

porque la tengo muy dura.

 

Y aunque el compensar no abunda,

usted resarce; es sencillo:

lo que perdí en La Rotunda

lo encuentro en el Manzanillo.

 

Mas yo vengo tan errado

hace diez años y pico

que quizás me perjudico

con los dientes que he logrado:

 

pues dirán, lógicamente:

"Si el Jobo antaño mordía

teniendo monda la encía

¡cómo morderá al presente!"

 

Pero la intención fue buena

y tenga certeza plena,

mi custodio y coronel:

cada vez que dé un mordisco,

lo recordará Francisco

Pimentel.

 

Job Pim imprimió siempre a sus escritos un ferviente amor a

la libertad, combatiendo sin tregua en su estilo, al parecer

festivo, la tiranía de Gómez. Irreductible en su dignidad de

patriota y de hombre, soportó una vida de pobreza y de

privaciones, sin claudicar jamás, y sin miras políticas de

ninguna clase. Durante la dictadura de Gómez, Job Pim se veía

limitado a abordar temas algo triviales, so pena de silenciar

de un todo su pluma o buscarse un nuevo y mas severo encarcelamiento.

 

El "Jobo" se nos presenta siempre con el don único de saberse

hacer amable y, por ende, leíble. Aun cuando no se estuviera

de acuerdo con Job Pim, serán contadísimas excepciones los

casos en que el lector se desagradara con el humorista, por

la manera tan humana, correcta y personal que tiene para no

ofender al lector, aun en los casos más delicados.

 

Fue grande su compenetración con el medio ambiente venezolano,

y más que nada con el medio ambiente caraqueño. Llego a ser

un maestro consumado en saber echar mano de cualquier tema y

regalárnoslo vestido con sabrosos versos que se paladeaban en

pocos instantes. Todo lo criollizaba a su gusto. Con una

ductilidad única, aun la noticia más trivial del periódico,

salía a los pocos días transformada por su mano en atractiva

producción literaria. Job Pim supo contar en verso, como nadie

jamás lo había hecho, cualquier tema que se le ofreciera.

 

Llegaba al máximo su habilidad al tratar su propia y quebrantada

salud. Solo un humorista como "Pim" pudo escribir un soneto tan

maravilloso como el que tituló Desahuciado:

 

Me han visto nueve médicos. Los nueve,

de nuestra Facultad ornato y gala.

Los nueve encuentran mi salud tan mala,

que me debo morir en plazo breve.

 

Congestión en el hígado, y no leve;

bronquitis, de la tisis antesala;

un riñón de su puesto se resbala

y el colon no funciona como debe.

 

Yo morir no me siento... Pero ¿cómo

nueve sabios así de tomo y lomo

se van a equivocar sobre mi suerte?

 

¿Que me debo morir? ¡Venga la muerte!

¡Todo antes que dejar en la berlina

a media Facultad de Medicina!

 

Job Pim fue el mejor versificador venezolano: por la sonoridad y

el ritmo de sus frases; por sus versos que suenan bien pero sin

perder sentido; por su manejo perfecto de la rima, aun para las

consonantes mas difíciles.

 

Y junto al humorista y al versificador extraordinario, Job Pim

supo, en multitud de oportunas ocasiones, dictar lecciones

avisadoras y sabias moralejas, de mejor efecto que muchos serios

tratados. Y cuando quiso, demostró ser un notable poeta lírico,

como se aprecia en su poema La Bordadora.

 

Encargado de la Presidencia el general López Contreras, éste

nombró Cónsul en España a Francisco, quien acababa de casarse.

Escogió Valencia, ciudad que le encantó, pasando en ella una

temporada feliz como recién casado. Y a pesar de la guerra que

estando allí le sorprendió, al preguntarle un amigo cómo le iba

en su cargo, le respondió:

-No puedo quejarme, este es un Consulado bueno...,

pero con_su_lado malo.

 

Regresó a Venezuela en 1940, y a pesar de sus quebrantos de salud,

reanudó sus tareas periodísticas para El Heraldo, El Universal y

El Morrocoy Azul. Fue sometido a una intervención quirúrgica,

como último recurso para sus males. Apenas sobrevivió a la

operación 36 horas. Y todavía en ese estado conservó su espíritu

humorístico. Al regresar de la mesa de operaciones, como fuera a

verlo el poeta Blanco, le dijo:

-Andrés Eloy, ¿sabes que por fin abrieron el segundo frente?

Está delirando, pensó Andrés.

Pero el Jobo continuó, mostrándole al amigo la herida que le

dejará la operación:

-Sí, viejo, se lo abrieron al más zoquete. Me lo abrieron a mí...

Y a Guillermo Austria, conocido por buen gastrónomo:

-Guillermo, tú no podías faltar en una operación de estómago.

 

Dos grandes poetas lo despidieron en su tumba:

 

Miguel Otero Silva con su soneto

EN LA MUERTE DE JOB PIM

 

Llegó hasta ti la muerte. Tu enemiga,

tu antítesis, tu propia negación.

Ella, la entraña seca del terrón,

y tú, la pulpa henchida de la espiga.

 

Ella, la sombra que el abismo abriga,

y tú, la luz de altivo farallón;

ella, el callado andar de la traición,

y tú, el murmullo de la voz amiga.

 

Llegó la muerte a ti: rosa esculpida

en los marfiles de tu frente lacia

y en el granito de tu pecho inerte.

 

Mas fue tu gracia tal raudal de vida

que no la muerte te tronchó la gracia

y sí tu gracia iluminó a la muerte.

 

Y Andrés Eloy Blanco con su glosa:

 

LA MUSA POPULAR DESPIDE A FRANCISCO PIMENTEL

 

Entre otros, publicó los siguientes libros en verso:

Desde mi Periscopio; Pitorreos, 1917; Sal de Pim, 1943;

Graves y Agudos. Y en prosa: Enciclopedia Espesa, 1931;

El Balance de Eva, 1922.

 

En el año de 1950 el Ministerio de Educación Nacional decidió

dar su nombre a una de las más importantes concentraciones

escolares de Caracas, ubicada en la Esquina Mamey y que desde

entonces se llama Escuela Francisco Pimentel.

 

EL HUMORISMO EN FRANCISCO PIMENTEL

 

Muchos de sus chistes y anécdotas, que improvisaba con espontaneidad

asombrosa, fueron recogidos por varios escritores. Entre otros:

 

Ingresó en cárcel de La Rotunda un sujeto del interior de la

República, el cual tenia todas las trazas de ser un general.

Alguien dijo:

-Como que es un general el preso.

Replicó el alcaide con voz fañosa:

-Aquí no hay más general que Gómez.

-Y el hambre, que también es general,

respondió el humorista.

 

El insigne poeta venezolano Andrés Eloy Blanco incurrió en el

error de sumarse a los corifeos del surealismo. En una oportunidad

escribió unos versos en esa forma y se los leyó a Job Pim, en

amable camaradería:

-Dime, con toda franqueza, ¿cómo te han parecido?

-Muy buenos, como tuyos, pero no seas tan flojo: ponlos en verso.

 

Una mañana se encontraron el Jobo Pimentel y "Leo", entonces

inseparables curruñas, en un botiquín. El Jobo al ver a Leo

quedósele mirando con fijeza y de modo muy serio le dijo:

-Leo, yo no me resigno a creer que tú seas un hombre de dos caras.

Ante aquella salida del amigo, aparentemente de reconvención,

Leo, también lleno de gravedad terminó por preguntarle al Jobo:

-¿Y a qué viene eso?  Tú sabes que yo soy tu amigo.

-Sí, Leo, yo sé que tú eres mi amigo y sé también que tu no

tienes sino una sola cara, porque de haber tenido dos, hoy domingo

no sales con esa a la calle.

 

En cierta ocasión vino a Venezuela un escritor español de apellido

Ercilla, bastante pedante. Estaba Ercilla en la Plaza Bolívar

departiendo con un grupo de intelectuales venezolanos, cuándo uno de

éstos vio venir a Job Pim y lo llamó para presentarle al español.

-Maestro, le presento a usted a Francisco Pimentel, gran poeta y

humorista venezolano.

El español le tendió la mano despectivamente y dijo con sequedad:

-Ercilla.

Y Job Pim le respondió en el mismo tono:

-Er Jobo...

 




 




Copyright 2010 © - EDICIONES YARACUY OCULTO. / PROTECCIÓN DE DATOS
Fecha de última actualización: 21/10/2009


Web desarrollada sobre GMM (Global Market Manager)