¡LA BUROCRÁCIA SE COME A LOS POETAS POR TAJADAS! ·



Artículos y Ensayos
Discurso del solitario en condominio para hablar de Mariposas de lámina de Arnulfo Vigil
Alejandro León Meléndez


El discurso general de la poesía, será, si me atrevo a opinar en asuntos tan disparejos, el de la pregunta, en vida, sobre la vida. No tengo por qué ser quién para afirmar tal cosa. La poesía me parece algo tan cercano y a la vez tan inasible que podría yo dudar de su existencia. Dudo del alma que me da la vida porque, como el santo aquél, hasta no ver no hay fijón. Alguien me acusó hace poco, y con razón, de ser un descreído. Pero descreo de lo que no veo, y de lo que veo puedo patentizar mi creencia sólo si me entrega algo de vuelta, por lo menos una mínima opinión de la estética, o un razonamiento valeroso. En el caso de Arnulfo Vigil, soy Arnulfo nena/ Arnulfo Vigil y soy lágrima/ a la vez truco y renta adeudada(...)hay cosas que quiero comentar, tan sólo por la descreída razón de que cada libro es un oráculo y no tengo forma alguna para comprobarlo. Verán, la Mariposas de lámina cuelgan de la entrada de mi casa desde hace mucho.

Debo aclarar mi rotunda negación para hacer análisis literarios. Me repliego en defensa propia con la intención de sólo hacer un recorrido por mi lectura, en este caso un tanto insensata. No me dio gana de leer en el orden numérico sugerido por las páginas, antes bien recurrí al I Ching incrustado en las yemas de mis dedos.

Como prelectura o premonición, decidí escuchar un viejo disco de Real de Catorce y Arnulfo me dijo, al azar por las páginas: El viejo Joe siembra limones/ en su granja de Montemorelos,/ tararea junto con el pico/ y abre las capas de la tierra. Escucha corridos de cuatreros/ en XEDD radio jolgorio./ Cultiva naranjos y mandarinas y sueños injertos de risa, /prepara jaleas y ensaladas/ como para chuparse los dedos. Oh viejo Joe/ escucha tu blues.

La casualidad me llamó la atención y decidí, pues, atender a una lectura paralela y toluca, que dice: en los libros siempre hay espacio para la sabiduría y la causalidad. Abrí de nuevo las páginas en otro orden y acrecentó entonces el descreimiento.

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las caricias son colores del arco iris

el olvido no se consume olvidando

mira mi patio sí está vacío

pero en él habitan duendes

luchadores enmascarados

y una planta carnívora que supura semen (...)

Arnulfo, así, con dos trozos de textos leídos y no analizados, fue un jarioso duende nostálgico, arrumbado al fondo de algún pasillo en centro comercial. Cierto que todavía no tenía un rostro. Pero eso no podría ser cierto, los duendes no existen, al menos no que tengan vida plena y que escriban poemas blueseros. Pregunté y me contestó, como ya dije, medio al azar:

Y bIen, es mi caso:

La Pálida Historia de unas Manos sin Respuestas.

Oh qué triste y célebre caso de besos fracturados

(...)

Yo manejaba iluso en líneas sin tope.

Y, bueno, una mañana naranja de nube tras persiana

el sol entró por otro lado

fue una sorpresa bastante ancha

    (...)

Así pues, cuando supe con seguridad que Arnulfo era un tipo buena onda, abierto conmigo y francote, que además era capaz de asombrarse por los pequeños milagritos del diario, abracé una empatía literaria. Pero luego asumí la posición del que desea sólo saber las cosas y comencé pregunta que pregunta. Arnulfo, cómo puedes verte tú. Y que yo pueda verte igual. Me dijo:

Los ángeles nos dan identidad, cariz.

La línea subrayada de la mano.

   Cristal líquido

      paloma

           liturgia.

Mano que es rostro

rostro que es tiempo

tiempo del olvido.

El tiempo de la lectura fue largo. Entre Arnulfo y yo se levantó una discusión al respecto de la poesía, tal y como la propuse antes, donde los poetas no pueden mascar chicles o ver querubines de pelo largo. La poesía, me dijo, no es pregunta sino respuesta. Resulta que cada poema es el resultado de ritmo de la vida. Para él una serie de blues socarrones y mujeriegos.

Hace tiempo, un poeta místico avecindado en Cuernavaca nos decía que la santidad y el pecado son la misma cosa, nomás vista desde ángulos diferentes. El buen Arnulfo, que ahora tenía cara se paciencia para conmigo, me dijo que no hay santidad y no es posible la evangelización sin el pecado de las papas fritas.

Confieso, padre,

haber caído en la tentación de la castidad.

Sé que el cuerpo es un templo abierto

y yo lo he cerrado a visitas de caricias.

Y de inmediato:

Me confieso, padre,

De no ofrecer la comunión de mi cuerpo.

Todo hombre hubo de caer en la desgracia de la fe, supuse, y él pidió perdón por mí.

Entonces, el poeta debe creer y burlar. Como La banda de los querubines laicos. Estás plagado de alusiones a la fe que profesas, le dije. Hay que saber creer en lo que no podemos creer. Eso significaba, para mi descreimiento, que la poesía sí existía, y estaba en un vocho 80 que tironea. Lo has buscado en otros lugares, me dijo. Pero no importa, las mariposas de lámina que cuelgan a un lado de la puerta de tu casa tienen más respuestas.

Arnulfo Vigil, el poeta del libro, porque sólo al libro me dirigí, me ha dicho un montón de cosas desde que lo abrí. He pasado del blues nacional al rock sesentero como producto de fondo, y no ha dejado de darme vueltas y vueltas:

rehilete

vaivén de ferocidades ocultas

travesía sobre las rutas saladas en el terciopelo del racimo

agrio que no tiene jugos sino lágrimas

vaivén de terciopelo

rehilete

vértice

rehilete

vértice

rehilete

frenesí de una astilla que no se domestica porque no                          (concuerda

Y el diálogo sigue, hasta el momento, inconcluso, a pesar de que me anuncia finales que no llegan:

El fin

se aproximó a su fin

cuando la palabra fue aspas

en lugar de manos,

besos.

Pero me quedan un par de sensaciones que no he compartido con él, a fin de no permitirle que me desmienta. Porque para eso tengo mucho tiempo. El Arnulfo Vigil del libro es un amoroso ensayista de lo cotidiano, seducido una y mil veces por mujeres increíbles –en el sentido de que no pueden ser verdaderas-. Es el dolor de un cigarro por la noche, en un bar caliente y es la aprehensión de su tierra incrustada en su cuerpo.

Tampoco creo en esto.




 




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Fecha de última actualización: 21/10/2009


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